Destino Cruel

Relato original escrito por primera vez por mi en mi antiguo blog para una campaña de Dogs of War (confrontation). He encontrado una nota/borrador de antes de publicarlo en el blog por lo que puede que tenga errores y horrores que seguro corregí antes de publicarlo pero así se queda que no tengo tiempo (ni muchas ganas) de escribir estos días. 

El Inquisidor Hans Conti estaba de rodillas en la cripta de su familia, un elaborado mausoleo donde algún día él tendría su lugar. Se encontraba frente a la tumba de su hermano mayor que estaba al lado de la de su madre y su hermana. Él solo recordaba a su hermano, tanto su madre como su hermana murieron cuando él era muy pequeño.
En aquel momento rezaba a Merin por  su querida amiga Mira, a la que quería como a la hermana que casi no había conocido. Mira tenía 4 o 5 años más que él y cuando Hans entró a servir en la Inquisición luchó junto al temple varias veces y Mira encabezaba esas misiones. Fue ella quien le enseñó el arte de la guerra y ella la que le animó a entrenar sus aptitudes mágicas y convertirse de un simple templario al inquisidor que era ahora.

Sin embargo, no hubo alegría en Hans cuando lo nombraron inquisidor ya que con la persona que más deseaba celebrarlo era Mira y cuando se presentó en el campamento que ella tenía en la frontera con las tierras de los Alquimistas, un enorme ejército inquisitorial estaba allí encabezado por Saphon el purificador. Cuando se acercó no el dejaron entrar pero en cuanto enseñó su símbolo de inquisidor los templarios inclinaron la cabeza y le dejaron pasar.

Se acercó a Saphon una alta figura que transmitía autoridad y en sus ojos solo se veía fanatismo ciego en la palabra de Merin y en su deber como inquisidor.

– ¿Qué ha ocurrido aquí, señor? – preguntó Hans humildemente pero con el terror dibujado en su rostro, por suerte para él llevaba el casco cerrado y Saphon no podía verle la cara, aunque parecía capaz de ver el miedo reflejado en su alma.

– Había aquí alguien importante para ti, ¿verdad? – dijo Saphon con una gran arrogancia – ¿Quién era?

Hans solo pudo asentir.

– Cuando te haga una pregunta háblame, no asientas – dijo Saphon – Y quítate el casco en mi presencia que pueda ver tu rostro.

Hans se quitó el casco lentamente y para cuando su rostro quedó al descubierto, ya no reflejaba nada, era la cara fría y sin sentimientos de un verdadero inquisidor.

– Era la comandante Mira, señor – respondió Hans – Servimos juntos cuando yo era un simple templario. Venía a darle la noticia de que ahora soy un Inquisidor.

– Pues esa noticia no le hubiera gustado – susurró Saphon – Hemos descubierto que se ha unido a la Logia de Hod y eso significa que es una traidora.

Saphon observó a Hans durante unos instantes.

– Pues entonces deberá arder en la hoguera de Merin – dijo Hans con una voz totalmente neutra.

– Así es – asintió Saphon dándose la vuelta y añadiendo mientras se alejaba – Vete a tu hogar, pronto tendrás tu primera misión como inquisidor.

Saphon comenzó a hablar con un magistrado y Hans subió a su caballo y se dirigió al borde del campamento de la inquisición donde le esperaba su compañero de viaje al que no le permitieron al entrada por no ser de la inquisición.

– Vámonos, Pearson – dijo Hans con la tristeza reflejada en su rostro – Tenemos que descansar, me temo que me espere una dura prueba.
Desde aquel día hasta este momento arrodillado en la tumba de sus ancestros habían pasado dos semanas. Hans estaba nervioso y por eso acudía constantemente a rezar a Merin, por fin su espera llegó a su fin, un sirviente entró en el mausoleo

– Señor, el Inquisidor Saphon está esperándole en la sala de audiencias.

Hans asintió, terminó una breve plegaria y se levantó para dirigirse a su destino.

******

Hans entró a la decorada sala de audiencias del palacio de su padre y vio al alto inquisidor Saphon de pie observando un cuadro de su abuelo.

– Buenos días, Inquisidor – dijo Hans inclinando la cabeza y acercándose a él.
Saphon asintió simplemente y se acercó hasta casi chocar con Hans, manteniendo las manos entrelazadas a la espalda.
– Imaginarás porque estoy aquí, ¿no? – preguntó sencillamente.
– Puedo suponerlo – dijo Hans poniendo de nuevo su cara neutra y fría de inquisidor – Me imagino que quiere saber si Mira se ha puesto en contacto conmigo.
Saphon miró durante casi un minuto al joven inquisidor directamente a los ojos y de pronto se giró.
– Pues no es eso, jovencito – dijo Saphon con una enorme prepotencia que hizo que Hans apretara los puños pero no replicó. Tras unos segundos de espera Saphon volvió a encararse con él – Quiero que me demuestres tu lealtad a la Inquisición dirigiendo la caza de la traidora que antiguamente ere tu amiga.
Saphon soltó eso con toda la naturalidad del mundo como si no le importaran los sentimientos de Hans, lo cual era probable pensó Hans mientras respondía lo primero que se le ocurrió:
– Señor, no creo estar preparado para dirigir un grupo de cacería… Acabo de ser nombrado inquisidor como bien sabéis.
– Es la primera vez que un inquisidor me rechaza la oportunidad de dirigir una de mis compañías de caza – dijo Saphon alejándose unos pasos de Hans y asomándose a una ventana – He oído que tu padre esta muy enfermo y que eres el último de su linaje ya que tu madre y tus hermanos están muertos.
– Así es – respondió secamente Hans aunque demostrando algo de nerviosismo en su voz, estaba intuyendo hacia donde iba El Purificador.
– Voy a hablarte abiertamente pues eres un inquisidor – dijo Saphon mirándole desde la ventana, a unos 2 metros de distancia – Si no aceptas dirigir la caza y no me demuestras que de verdad deseas capturar a Mira, viva o muerta, para mi te condenaré a muerte, tu título nobiliario será absorbido por la iglesia una vez muera tu padre y todas vuestras tierras serán para el Papa.
Hans se quedó sin voz, Saphon le ordenaba dar caza y acabar matando a su mejor amiga… no, su hermana; y la persona que le enseñó a luchar o sino todo su linaje sería borrado de la historia de Akkylannia.
– ¿Aceptas o busco un nuevo arquitecto para la Iglesia que construiré en tus tierras? – preguntó Saphon.
En ese mismo instante se abrió la puerta y entró un guerrero enmascarado armado con una armadura ligera pero resistente y una enorme espada curva. Es un ejecutor de la inquisición pensó nervioso Hans que rápidamente miró a Saphon.
– No era necesario amenazarme – dijo con voz temblorosa – Hubiera aceptado igualmente, solo quería estar seguro de que comprendía que aún no he ejercido el mando.
– Pues tendrás que aprender deprisa – dijo Saphon, resultaba obvio que no creía lo que Hans decía, pero aún así asintió y le ofreció una carta a Hans que la cogió y la abrió – Eso es una carta escrita de mi puño y letra y con mi sello personal, úsala para que nadie en Akkylannia te impida cumplir tu misión… Ahora debo irme.
Saphon comenzó a andar hacia la puerta.
– Pero señor ¿y mis hombres? – preguntó Hans pensando en las repercusiones de usar esa carta para averiguar más sobre el tema de la traición de Mira que en encontrarla.
– Te cedo a este ejecutor para que te acompañe – dijo Saphon.
<<Y para que me vigile y acabe conmigo si es necesario>> pensó Hans pero no dijo nada, simplemente siguió escuchando a Saphon.
– Para el resto de tus hombres usa la carta que te he dado, elige a los que quieras, aunque no sean de la Inquisición pero déjales claro que en el momento que entren a tu servicio pertenecerán a la Inquisición hasta que Mira sea detenida.
Hans asintió y Saphon abandonó la sala sin decir nada. Hans miró al ejecutor que permanecía de pie en el umbral del salón.
– Si vas a trabajar para mi me gustaría saber tu nombre y ver tu rostro – dijo Hans.
– Puedes llamarme simplemente Onis – dijo el ejecutor mientras se quitaba la máscara y dejaba ver un rostro común. Difícil de recordar si no te fijas bien en él, un asesino y espía perfecto pensó Hans mientras se acercaba al ejecutor.
– Voy a preparar las cosas para poder partir mañana mismo – dijo Hans – Cuanto antes lo arreglemos todo, antes podré volver al lado del lecho de mi enfermo padre.
<<Y antes podré saber porque Mira se ha unido a los traidores de la Logia>>, pensó Hans mientras abandonaba el salón seguido de Onis.

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