¡Al abordaje!

Un nuevo relato basado en un inktober del maestro Awen.

Aradun Stormpike disparó al pecho del enorme semiogro que cargaba contra él logrando frenar un poco a la bestia que se llevó la mano a su estómago de manera refleja pero en la práctica solo sirvió para cabrearlo más ya que al instante reanudó la carrera, aunque más despacio.

El enano tiró la pistola al suelo y desenfundó la otra disparando esta vez a la cara de la criatura, que se llevó la mano al hueco que había sustituido a su mentón y cayó de rodillas ante Aradun que aprovechó para clavar su espada varias veces en el pecho de la criatura que cayó muerta.

— ¡Joder! — gritó Aradun recargando con maestría la primera de sus pistolas — Odio que contraten a esta escoria mestiza.

Recogió la segunda pistola y la puso en su cinto pero sin tiempo para recargarla ya que vio que un humano equipado con armadura pesada y mandoble partía a uno de sus tripulantes. Aradun sonrió y subió a toda prisa hacia la zona del timón, todo lo rápido que un enano puedo correr, clavó la espada por la espalda a otro enemigo. «Menos mal que casi todos llevan cuero en lugar de metal».

Junto al timón estaba el cuerpo sin vida de Archi, su timonel, atravesado por una flecha. Aradun juró venganza y cogió el cuerno que colgaba al lado del timón y lo hizo sonar. Toda la tripulación sabía lo que significaba y se alejaron de las peleas que estaban disputando, al instante Aradun hizo girar salvajemente el timón y tocó los mandos de los alerones lo que hizo que el barco girase bruscamente tanto en horizontal como en vertical y la mayoría de los atacantes salieron volando en su mayoría precipitándose al vacío.

— ¡Siempre es un placer ver caer a la guardia imperial a través del mar de nubes! — exclamó entre risas a las que se unieron sus tripulantes — Adelante muchachos, asaltad su barco y traer cualquier cosa de valor que encontréis.

— Capitán, ¿qué hacemos con el barco cuando acabemos? — preguntó el contramaestre Thirien un joven elfo al que salvó de la esclavitud hacía ya muchos años.

— Encárgate de ponerlo en rumbo hacia el puerto del Imperio más cercano, bloquea el timón y lánzalo a toda velocidad en esa dirección — dijo con una sonrisa — Que esos filibusteros aprendan que no se puede abordar un barco pirata.

Thirien asintió y corrió hacia las planchas de abordaje que sus compañeros ya habían tendido sobre el barco imperial.

Aradun miró al horizonte y contempló el inmenso mar de nubes. «Que maravilloso es esto de volar libre». Soltó una risa, cargó tranquilamente su segunda pistola y se puso a pensar a quien debería designar de timonel.

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