Rescatado

Aprovechando que me hice con un ejército enorme de eldars oscuros en una liquidación al 50% y que sale ahora su nuevo códex he empezado a preparar esas miniaturas para meterme de lleno en octava que aunque me gusta lo poquito que la he catado no me había puesto a jugarla más allá de pequeñas escaramuzas y de hecho no descarto montar el ejército, jugar un par de partidas y cuando salga Kill Team olvidarme del warhammer 40.000 normal 😛

Rescatado

El hermano Darael se despertó sintiéndose completamente débil aunque sin sentir dolor de ninguna clase y era incapaz de moverse pues unos fuertes grilletes le mantenían encadenado a la, por otro lado, cómoda cama donde se encontraba.

Miró a su alrededor y vio que estaba en una habitación con muebles artesanales de formas suaves y colores hermosos. Claramente no era arquitectura imperial y apestaba a xenos. Por lo que conocía de los enemigos alienígenas del imperio podrían ser aeldaris sus captores.

Darael se esforzó en recordar cómo podría haber acabado allí, los informes de las sondas del mechanicum indicaban que el planeta era fértil pero no había ninguna especie inteligente en él pues no encontraron ni ciudades ni nada parecido a asentamientos.

El Adeptus Mechanicum solicitó la asistencia de los astartes de los Ángeles de la Guerra, a los que pertenecía Darael, que estaban reparando su pequeña flota en el mundo Forja de Artherius tras la defensa de ese sector de manos de un ataque orko.

Dado que el Mechanicum les hizo varias mejoras a su crucero y que la campaña prometía ser corta puesto que lo más que se esperaba es que algún contingente rezagado de orkos pudiera aparecer por el cercano e inexplorado sector, los Ángeles de la Guerra decidieron acompañarles.

Aunque el capitán de la compañía le advirtió al mechanicum que no podrían quedarse mucho tiempo como protección puesto que tenían otros deberes que cumplir en la zona, Darael no sabía a qué se refería aunque sí sabía que estaban por estos sectores buscando algo. El Señor de la Forja dijo que no había problema que para cuando llegaran al planeta y estuviera establecida la primera base, ya se les habrían unido allí los soldados de la Guardia Imperial que se quedarían como guarnición permanente.

Tras un par de semanas de viaje, durante el descenso al planeta en las cañoneras thunderhawk de las escuadras del capítulo junto a las naves de transporte del mechanicum comenzó el caos. Las transmisiones eran confusas y sólo se hablaba de objetivos aéreos imposibles de seguir con la vista que golpeaban los transportes.

La nave que transportaba a Darael y a sus hermanos sufrió varios impactos y hubo un momento en que Darael perdió el conocimiento cuando los trozos de thunderhawk que habían sido destruidos por algún proyectil le impactaron causándole unas cuantas heridas graves.

Rememorando aquel momento se encontraba cuando oyó que se abría con apenas un susurro la puerta de la habitación. Levantó la cabeza todo lo que le permitió la argolla que también le sujetaba el cuello y apreció que entraba una figura femenina que que contoneaba sus caderas de forma que cualquier humano normal habría encontrado tremendamente sensual más aún porque la túnica tremendamente ceñida, probablemente de una o dos tallas más pequeñas, insinuaba que no llevaba nada más debajo pues se marcaba perfectamente su delgado y fibroso cuerpo.

— Hace siglos que no hablo tu idioma — dijo con un marcado acento alienígena — pero creo que lo recuerdo casi todo.

Se acercó a él y aunque seguía notando el cuerpo adormilado pudo sentir como le palpaba algunas zonas del torso.

— Parece que te has recuperado perfectamente — comentó mientras le cogía de la barbilla y le miraba fijamente a los ojos — solo hubo que estabilizarte y tu formidable organismo hizo el resto, los mon-keigh astartes nunca dejarías de sorprenderme.

— ¿Fuisteis vosotros los que nos atacastéis? – preguntó con dificultad Darael pues tenía la lengua un poco pastosa.

— En efecto — respondió ella con toda la naturalidad del mundo — Este es un mundo virgen aeldari habitados por lo que nosotros llamamos exoditas.

— El mechanicum no detectó ciudades ni ningún tipo de tecnología en el planeta — replicó Darael.

— Claro que no, los exoditas son miembros de los aeldari que no tienen tecnología ni grandes ciudades — se podía notar melancolía en su voz al decir esas palabras y las que siguieron — ellos son puros y viven en armonía con la naturaleza.

— Y por eso fue vuestro ataque — comenzó a decir Darael.

— Pues claro — dijo ella subiendo el tono de voz — vosotros destruís todo lo que no es humano y eso hizo que me tocara venir a este mundo.

— ¿Y entonces por qué me habéis salvado? — preguntó Darael.

— Pues porque tú, tus otros 3 hermanos y los pocos mon-keigh mecánicos que habéis sobrevivido sois mi botín de guerra — respondió ella.

— Pensaba que los aeldaris no hacíais prisioneros — dijo Darael — de los ataques que he leído es que atacais y erradicáis completamente al enemigo sin estar quietos nunca.

— Muy propio de los mon-keigh pensar que somos todos iguales — replicó ella — aunque imagino que el hecho de que esté usando esta túnica tan bonita te habrá condundido.

Darael no entendía a que se refería.

— Los protectores de estos exoditas no somos aledari de los mundos astronaves — dijo ella riéndose — Soy Aleria de la Hoja Púrpura, culto aliado de la Cábala de las Dos Caras.

La expresión de Darael cambió drásticamente, se había sentido engañado por el hecho de estar en una cómoda cama y curado aunque inmovilizado. Eran…

— Si, somo drukharis y vas a tener el placer de divertirme, espero que por mucho tiempo, en las arenas de Commoragh.